No deberían hacerlo. Ese es el objetivo de la sustancia química.
Nos untamos DEET en los brazos para enviar al Aedes aegypti a hacer las maletas. Se supone que debe disuadirlos. Una simple barrera entre la piel humana y un vector potencial de la fiebre del dengue, la fiebre amarilla o la enfermedad del Nilo Occidental. El estándar de oro en cuanto a repelencia. ¿Pero qué pasa si ese escudo tiene un agujero? ¿Un agujero creado por el propio cerebro del mosquito?
Los científicos están investigando la biología detrás de este extraño giro. La idea es simple pero molesta. Los mosquitos podrían aprender a apreciar el olor de su propio veneno. O al menos dejar de odiarlo lo suficiente como para seguir mordiéndonos.
Veamos cómo funciona el comportamiento. Un insecto (ese artrópodo con seis patas segmentadas y tres partes principales del cuerpo: cabeza, tórax y abdomen) actúa según sus instintos y su experiencia. Las señales químicas los guían. Una sustancia formada por átomos que se unen en una concentración fija, como H2O donde dos hidrógenos abrazan un oxígeno, generalmente grita “aléjate” o “acércate”.
Si cambias el contexto de un olor, puedes cambiar el comportamiento que desencadena.
Aquí es donde se pone pegajoso.
En matraces de laboratorio (esos recipientes de vidrio con cuello estrecho que se utilizan para experimentos químicos y biológicos estériles) los investigadores combinaron el aroma de dietiltoluamida (ese es el nombre largo de DEET) con una recompensa. En el comportamiento animal, una recompensa suele ser la comida. Una bolita sabrosa. Algo positivo. Si el mosquito huele el repelente y obtiene azúcar, los vincula. Un vínculo entre el olor a seguridad (o hambre) y el químico que usamos para expulsarlos.
El cerebro cambia. No es sólo neurociencia ; es supervivencia. O tal vez simplemente pereza. La evolución favorece la eficiencia. ¿Por qué alejarse del anfitrión si el mal olor ahora equivale a una comida?
Entonces rocías. Huelen la firma única de la N,N-dietil-m-toluamida. En lugar de bucear, se quedan. Luego muerden.
¿Por qué?
Porque les enseñamos, incluso si no era nuestra intención. El repelente no falla porque la concentración sea incorrecta. Falla porque el comportamiento cambia. El mosquito no es inmune a la quemadura química; es inmune a la aversión.
No es una solución integral para solucionar. Simplemente rociamos más y se adaptan.
El ciclo continúa. 🦟
