La industria mundial de la carne y los lácteos está bajo una intensa presión para abordar su huella ambiental. Sin embargo, un estudio reciente sugiere que la respuesta de la industria tiene menos que ver con la transformación ecológica y más con las relaciones públicas estratégicas. Un análisis de las corporaciones de ganadería más grandes del mundo revela que casi todas sus afirmaciones de sostenibilidad caen en la categoría de lavado verde.
La magnitud del problema
La ganadería es uno de los principales impulsores de la crisis climática y representa al menos el 16,5 % de todas las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. A medida que se intensifica el escrutinio público sobre el impacto ambiental de la dieta y la agricultura, las grandes corporaciones han respondido con una ola de promesas de sostenibilidad.
Para determinar si estas promesas eran sustantivas o meramente performativas, investigadores dirigidos por Jennifer Jacquet de la Universidad de Miami realizaron una auditoría rigurosa. Entre 2021 y 2024, el equipo analizó los informes de sostenibilidad y los sitios web públicos de 33 de las corporaciones cárnicas y lácteas más grandes del mundo.
Afirmaciones engañosas y pruebas faltantes
El estudio analizó 1.233 reclamaciones medioambientales individuales realizadas por estas empresas. Los hallazgos fueron claros:
– El 98 % de las afirmaciones podrían clasificarse como lavado ecológico: declaraciones engañosas o engañosas diseñadas para proyectar una imagen ecológica.
– Dos tercios de todas las declaraciones carecían de pruebas que demostraran que se estaban cumpliendo.
– Solo tres afirmaciones en todo el conjunto de datos estaban respaldadas por literatura científica revisada por pares.
La investigación destaca una táctica común: las empresas a menudo hacen promesas vagas y a largo plazo sobre futuros compromisos climáticos sin proporcionar una hoja de ruta concreta y viable para lograrlas.
Grandes promesas versus acciones microscópicas
Existe una desconexión significativa entre los objetivos de “cero emisiones netas” establecidos por estas corporaciones y sus cambios operativos reales. Si bien 17 de las 33 empresas evaluadas se han comprometido a alcanzar emisiones netas cero, sus estrategias reflejan las de la industria de los combustibles fósiles: dependen en gran medida de compensaciones de carbono en lugar de la reducción real de las emisiones en la fuente.
Cuando las empresas destacan iniciativas “verdes” específicas, la escala de estas acciones suele ser insignificante en comparación con su huella comercial total:
– Agricultura regenerativa: Una empresa promovió un piloto de agricultura regenerativa que involucró solo 24 granjas, apenas 0,0019% del total de sus operaciones globales.
– Ajustes en el embalaje: Otras empresas promocionaron ajustes menores, como reducir el ancho de la cinta de embalaje de salchichas en solo 3 milímetros.
Por qué la industria se resiste al cambio real
Los expertos sugieren que este patrón de “escaparate” está impulsado por incentivos sistémicos. Debido a que las grandes corporaciones operan dentro de normas de mercado que priorizan el crecimiento, enfrentan un conflicto entre la necesidad ambiental y la preservación de las ganancias.
“Dado el poder de las grandes empresas… esto genera incentivos para hacer promesas excesivas, parecer más progresistas de lo que son y ejercer presión para lograr el status quo”, señala Tim Benton de la Universidad de Leeds.
Este fenómeno crea un panorama en el que la información errónea se utiliza como herramienta para proteger los modelos de negocio. Al igual que las tácticas históricas utilizadas por las industrias del tabaco y los combustibles fósiles, los sectores de la carne y los lácteos parecen estar utilizando “giro” para retrasar los cambios fundamentales necesarios para mitigar el cambio climático.
Conclusión
El estudio revela que la gran mayoría de las afirmaciones de sostenibilidad en la industria cárnica y láctea están diseñadas para gestionar la percepción pública en lugar de reducir el impacto ambiental. Sin un respaldo científico riguroso y cambios operativos a gran escala, estos compromisos corporativos siguen siendo una distracción de la urgente necesidad de reducciones reales de emisiones.


























