La piscina del Lincoln Memorial sigue arruinando los titulares.
Desde abril.
En aquel entonces, el presidente Trump prometió un cambio de imagen. Quería que lo limpiaran y lo pintaran de “azul bandera estadounidense” antes del 4 de julio. Un toque patriótico de color, ¿sabes? La administración al menos cumplió con la logística. Lo desnudaron. Lo limpié. Lo cubrimos. Lo rellenó.
Gran comienzo.
Luego, días después, volvió el verde. Las mismas algas de siempre. El mismo problema que ha tenido durante décadas.
Es vergonzoso, claro, pero también extrañamente resistente. ¿Por qué estas cosas se recuperan tan rápido? ¿Por qué es tan difícil matar? Ian Sample profundizó en ello para un nuevo episodio de podcast. Habla con la copresentadora Madeleine Finlay. También la Dra. Linda May del Centro de Ecología e Hidrolicidad del Reino Unido. Ella es una experta en agua dulce.
Derriban la ciencia. Principalmente hablan de por qué los simples trabajos de pintura fracasan contra la terquedad biológica.
La piscina se preparó perfectamente, pero a la biología no le importan los cronogramas políticos.
Hay mejores formas de manejar esto la próxima vez. Probablemente. O al menos hay ideas que vale la pena considerar. El episodio cubre la mecánica de estas floraciones. Explica por qué suceden. Y por qué Trump podría necesitar algo más que un pincel para solucionar este problema.
Puedes escucharlo ahora.
¿Hay algo más sencillo que llenar una piscina de agua? Quizás no, pero ¿mantenerlo limpio? Esa es la parte complicada. 🌿


























