Los residuos de antiguos orinales romanos desenterrados en Bulgaria han proporcionado la evidencia más antigua conocida de infección humana por Cryptosporidium, un parásito que causa malestar gastrointestinal agudo. El descubrimiento, publicado en la revista npj Heritage Science, desafía suposiciones previas sobre los orígenes geográficos del parásito y ofrece una visión sombría de los problemas de salud diarios de los soldados fronterizos romanos.
Un vistazo a la vida en la frontera romana
En el siglo I d.C., el Imperio Romano estableció la provincia de Moesia Inferior en la península de los Balcanes, que abarca la actual Bulgaria. Para defenderse de las incursiones góticas, se apostaron legiones romanas en fortificaciones clave, incluida la fortaleza de Novae (cerca de la actual Svishtov) y la ciudad de Marcianopolis (actual Devnya).
Durante las excavaciones en estos sitios, los arqueólogos recuperaron cuatro orinales de cerámica. Si bien estos recipientes eran artículos domésticos comunes, su contenido secado durante mucho tiempo (depósitos mineralizados de orina y heces incrustados en las superficies interiores) conservaba un registro biológico único. Al analizar estos residuos, los investigadores podrían sortear las limitaciones de los restos óseos y estudiar directamente los patógenos que afectaban a la población viva.
Identificación de patógenos antiguos
Utilizando ensayos inmunoabsorbentes ligados a enzimas (ELISA), una técnica de laboratorio capaz de detectar bacterias, virus y parásitos en fluidos corporales, el equipo de investigación identificó tres patógenos intestinales distintos en las muestras:
- Entamoeba histolytica : Un parásito protozoario.
- Taenia : Una tenia.
- Cryptosporidium parvum : Un parásito comúnmente conocido como “Crypto”.
Los tres organismos infectan el tracto gastrointestinal humano y causan síntomas que van desde dolor de estómago hasta diarrea intensa. Si bien estudios anteriores habían identificado gusanos intestinales y Giardia en soldados y ciudadanos romanos, esta es la primera vez que se detecta Cryptosporidium en un contexto romano antiguo.
“La evidencia de Cryptosporidium proviene de dos orinales separados de Novae”, explicó la primera autora del estudio, Elena Klenina, historiadora de la Universidad Adam Mickiewicz en Polonia. “La presencia del parásito en distintos contextos sugiere que la infección puede haber estado relativamente extendida dentro de esa comunidad”.
Reescribiendo la historia del parásito
El descubrimiento es importante no sólo para la historia romana sino también para una comprensión más amplia de la evolución de las enfermedades. Cryptosporidium parvum infecta a decenas de animales domésticos y salvajes. Los seres humanos suelen contraer el parásito a través de suelo o agua contaminados. Debido a que los síntomas suelen ser leves, los primeros casos humanos no fueron identificados médicamente hasta 1976, lo que generó un debate continuo sobre dónde comenzó originalmente la infección humana.
Anteriormente, la evidencia humana más antigua conocida de Cryptosporidium procedía de heces conservadas en México, que datan aproximadamente del año 700 d.C. Esto llevó a algunos expertos a plantear la hipótesis de que el parásito se originó en América. Sin embargo, los hallazgos búlgaros retrasan la línea temporal casi 700 años.
Además, la detección de Cryptosporidium en los restos de una cabra de 5.000 años (Myotragus balearicus ) del Mediterráneo occidental respalda la teoría de que el parásito probablemente se originó en Europa antes de extenderse por todo el mundo. Esto sugiere que el ganado europeo pudo haber sido el reservorio inicial de la infección humana, en lugar de los animales del Nuevo Mundo.
Vida cotidiana y transmisión de enfermedades
Los investigadores especulan que los soldados de Novae contrajeron el parásito a través del agua contaminada suministrada por acueductos rurales. La infección con cualquiera de los tres patógenos identificados habría resultado en diarrea severa, obligando a las personas a usar orinales privados durante la noche en lugar de depender de letrinas o baños públicos, a los que solo se podía acceder durante las horas del día.
Este detalle resalta la intersección de infraestructura y salud pública en el Imperio Romano. Si bien la ingeniería romana avanzó, la seguridad del suministro de agua en las provincias fronterizas siguió siendo una vulnerabilidad crítica.
Seguridad en la ciencia antigua
El análisis de material biológico tan antiguo plantea dudas sobre la seguridad, pero los riesgos son mínimos. Como señaló Klenina, el material biológico tiene miles de años y ya no es viable ni infeccioso. Esto permite a historiadores y científicos investigar la historia médica del pasado sin poner en peligro a los investigadores modernos.
Conclusión
El análisis de los orinales romanos revela que Cryptosporidium estuvo presente en Europa siglos antes de lo que se pensaba, probablemente originándose en el ganado local y no en América. Este hallazgo no sólo amplía la cronología de las enfermedades parasitarias humanas, sino que también subraya los persistentes desafíos de salud que enfrentan las poblaciones romanas, incluso en medio de sus logros arquitectónicos avanzados.
