La musaraña común sufre una extraordinaria transformación estacional: su cerebro se reduce hasta un 30% cada invierno, para regenerarse por completo cuando regresa el clima más cálido. Esta notable habilidad, conocida como fenómeno de Dehnel, no es exclusiva de las musarañas (los topos, las comadrejas y los armiños comparten el rasgo), pero comprender cómo lo hacen podría ofrecer ideas para prevenir o incluso revertir la degeneración cerebral en los humanos.
Orígenes evolutivos e impulsores genéticos
Investigadores dirigidos por William Thomas de la Universidad de Stony Brook han mapeado el genoma de la musaraña común, comparándolo con otros mamíferos que exhiben esta plasticidad cerebral estacional. El equipo se basó en trabajos anteriores que examinaron la expresión genética durante la contracción y el nuevo crecimiento del cerebro, identificando los mecanismos genéticos clave en juego.
El estudio reveló que los genes responsables de la creación de células cerebrales están significativamente regulados positivamente en especies que encogen y vuelven a crecer sus cerebros. La musaraña, en particular, muestra una mayor expresión de VEGFA, un gen vinculado a la permeabilidad de la barrera hematoencefálica (que potencialmente mejora la detección de nutrientes). Otros genes regulados positivamente se relacionan con la reparación del ADN y la longevidad, lo que sugiere un sistema altamente coordinado.
¿Cómo funciona la contracción cerebral?
El proceso no se trata de perder células cerebrales de forma permanente. En cambio, las musarañas parecen reducir el volumen cerebral al eliminar agua, con el apoyo de la actividad de los genes que regulan el agua. Esta pérdida reversible evita los efectos perjudiciales que suelen observarse en las enfermedades neurodegenerativas. Los investigadores describen un “sistema finamente sintonizado” que preserva la integridad neuronal durante cambios fisiológicos extremos.
Implicaciones para la salud humana
Si bien es necesario tener precaución al extrapolar los hallazgos en animales a los humanos, el estudio identifica posibles biomarcadores y objetivos terapéuticos para enfermedades neurodegenerativas. Como señala la bióloga celular Aurora Ruiz-Herrera, los genes implicados en la homeostasis energética y la barrera hematoencefálica podrían ofrecer nuevas vías de investigación.
“La capacidad de la musaraña para regular de manera reversible la contracción del cerebro sin daños duraderos es un modelo fascinante para comprender cómo podríamos proteger o restaurar la función neuronal en los humanos”.
La extraordinaria adaptación de la musaraña resalta la capacidad de la naturaleza para la resiliencia y la regeneración, abriendo posibilidades interesantes para futuros avances médicos.
