Científicos compiten para medir la alegría en los animales

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Durante décadas, los científicos han debatido si los animales no humanos experimentan alegría o “afecto positivo”, como lo llaman en los círculos científicos. Si bien asumimos que nuestras mascotas y otras criaturas sienten felicidad, demostrarlo ha sido difícil de alcanzar. Ahora, un equipo global de investigadores se está embarcando en un proyecto ambicioso: desarrollar un “joy-o-meter”, un conjunto de métricas mensurables para cuantificar la felicidad en los animales.

Los obstáculos históricos

El estudio de las emociones animales ha sido históricamente marginado por la metodología científica. El conductismo de principios del siglo XX, ejemplificado por los perros condicionados de Pavlov y las ratas que presionaban palancas de Skinner, se centró exclusivamente en acciones objetivamente mensurables, descartando efectivamente experiencias subjetivas como los sentimientos como poco científicas.

Si bien las emociones negativas (miedo, dolor, sufrimiento) se estudiaron ampliamente (impulsadas por la necesidad de aliviarlas en humanos y animales), los afectos positivos siguieron siendo tabú. Esta desgana surgió del miedo al antropomorfismo : atribuir cualidades humanas a entidades no humanas.

Sin embargo, pioneros como el neurocientífico Jaak Panksepp cuestionaron este sesgo y demostraron que las ratas emiten sonidos parecidos a la risa cuando se les hacen cosquillas, un hallazgo que inicialmente fue recibido con escepticismo.

El nuevo impulso hacia el afecto positivo

Hoy en día, los investigadores reconocen que estudiar la alegría no se trata sólo de comprender el bienestar animal; podría desbloquear ideas sobre la felicidad misma. El esfuerzo actual, financiado por la Templeton World Charity Foundation, tiene como objetivo crear métricas universales aplicables a diversas especies.

Los desafíos son importantes. Medir la felicidad no es tan sencillo como identificar las respuestas al miedo. Los investigadores primero deben definir la alegría (una emoción positiva intensa y breve provocada por un evento) y luego identificar indicadores confiables.

Experimentos clave: simios, loros y delfines

El equipo está realizando experimentos con varias especies, comenzando con los grandes simios debido a su proximidad genética con los humanos. Los estudios del Proyecto Fongoli Savanna Chimpanzee en Senegal y los zoológicos de Bélgica, Iowa y Florida están analizando comportamientos como interacciones lúdicas, acicalamiento y vocalizaciones en busca de signos de alegría.

Los investigadores están provocando “momentos alegres” a través de estímulos novedosos. Los bonobos de Ape Initiative en Des Moines respondieron positivamente a las grabaciones de risas de bebés bonobos, mostrando una mayor curiosidad hacia las cajas grises (lo que potencialmente indica optimismo). También se utilizan experimentos inesperados, como premios sorpresa o reuniones con los cuidadores, para observar las reacciones.

Mientras tanto, los estudios sobre los loros kea en Nueva Zelanda enfrentan un obstáculo inesperado: las aves criadas en cautiverio nunca habían escuchado trinos (sus “ataques de risita” naturales) y reaccionaron con angustia, lo que resalta la complejidad de provocar alegría en un ambiente controlado. Los investigadores ahora están experimentando con alimentos inesperados, como ofrecer mantequilla de maní después de una serie de zanahorias menos deseadas.

También se están realizando estudios con delfines, dirigidos por Heidi Lyn de la Universidad del Sur de Alabama, con el objetivo de identificar señales emocionales similares en los mamíferos acuáticos.

Las implicaciones a largo plazo

Esta investigación no se trata sólo de satisfacer la curiosidad científica. Un “medidor de alegría” confiable podría revolucionar el bienestar animal en cautiverio, permitiendo un mayor enriquecimiento y reduciendo el sufrimiento. Más fundamentalmente, podría arrojar luz sobre las bases biológicas de la felicidad entre especies, ofreciendo potencialmente pistas sobre el bienestar humano.

Como señala el biopsicólogo Gordon Burghardt: “¿Qué es lo que hace que una vida sea buena? Esos son los temas que más valen la pena para nosotros”. La búsqueda de medir la alegría en los animales puede, en última instancia, ayudarnos a comprender la alegría misma.