Durante siglos, los gatos han cautivado a los humanos con su gracia, independencia y variedad. Hoy en día, más de 600 millones de gatos deambulan por el mundo, pero sólo una pequeña fracción (menos del 10%) pertenece a razas reconocidas. Surge la pregunta: ¿alguna raza de gatos se desarrolló enteramente mediante procesos naturales o son todas producto de la intervención humana? La respuesta tiene matices. Si bien la mayoría de las razas modernas son creaciones recientes moldeadas por la cría selectiva, algunas pueden rastrear sus orígenes hasta la evolución natural impulsada por presiones ambientales.
El auge de los gatos de razas específicas
La gran mayoría de las razas de gatos que conocemos hoy surgieron en los últimos 140 años como resultado directo de la selección humana de rasgos físicos deseables. La genetista de gatos Leslie A. Lyons de la Universidad de Missouri enfatiza este punto: los estándares de la raza son casi siempre el resultado de la preferencia humana. Esto significa que rasgos como el color del pelaje, el patrón y el tamaño del cuerpo se amplificaron intencionalmente a través de generaciones de reproducción.
Sin embargo, varias razas destacan por su desarrollo “natural”. Estos incluyen el Maine Coon, el Siberiano, el Azul Ruso, el Gato del Bosque de Noruega, el Van Turco y el Mau Egipcio. A diferencia de sus homólogos modernos, estas razas surgieron de poblaciones que se adaptaron a entornos específicos durante milenios.
Selección natural en acción
Las razas naturales se desarrollaron bajo los mismos principios que las especies silvestres. Las duras condiciones favorecieron ciertos rasgos. Por ejemplo, el clima frío del oeste de Rusia impulsó la evolución de los gatos de pelaje grueso y huesos grandes, que eventualmente se convirtieron en la base de la raza siberiana. Por el contrario, las regiones cálidas y húmedas del sudeste asiático y el Océano Índico seleccionaron gatos delgados y de pelo corto que finalmente dieron origen al abisinio.
El aislamiento geográfico también influyó. El efecto fundador, en el que genes raros se propagan en poblaciones pequeñas y aisladas, dio lugar a características únicas. La Isla de Man ofrece un ejemplo sorprendente: una mutación que causaba colas cortas se volvió frecuente debido a la endogamia, dando origen al gato Manx. Aunque icónico, este rasgo conlleva riesgos, ya que los gatos Manx son propensos a sufrir defectos en la columna.
Las líneas borrosas: la influencia humana en las razas “naturales”
A pesar de sus orígenes en la selección natural, incluso estas razas no están completamente ajenas a la intervención humana. Las prácticas de cría modernas han influido cada vez más en su genética. Lyons señala que la cría selectiva se ha acelerado en el último siglo, reduciendo las presiones ambientales que alguna vez dieron forma a estos gatos.
Algunas razas, como la Manx, probablemente se habrían desvanecido de forma natural debido a la diversidad genética limitada y los problemas de salud asociados con su rasgo definitorio. Sin embargo, la cría intencional los ha mantenido vivos, aunque algunos criadores ahora están trabajando para reducir los riesgos asociados con la mutación de cola corta.
Evolución de los estándares de raza
Otras razas que alguna vez fueron naturales han sufrido cambios significativos. Los azules rusos se cruzaron con gatos siameses después de la Segunda Guerra Mundial para evitar la extinción, y desde entonces los criadores han establecido distintos “tipos” que difieren del linaje original. El tamaño exagerado, la mandíbula cuadrada y la polidactilia (dedos adicionales) del Maine Coon moderno son productos de selección artificial, no de evolución natural.
La dirección del desarrollo de la raza está impulsada por la popularidad. Lo que los criadores y compradores prefieren hoy determina el aspecto futuro de una raza, lo que lleva a cambios cíclicos en los estándares.
En conclusión, si bien ciertas razas de gatos surgieron de forma natural a través de la adaptación ambiental y el aislamiento geográfico, sus formas modernas llevan la huella inconfundible de la selección humana. La línea entre naturaleza y crianza es cada vez más borrosa, ya que incluso las razas más “naturales” siguen sujetas a la influencia humana.
























