Un estudio innovador de la Universidad de Bristol sugiere que un simple cambio en la dieta (priorizar los alimentos integrales y no procesados sobre los alimentos ultraprocesados (UPF)) puede llevar a una reducción diaria de más de 300 calorías sin requerir porciones más pequeñas. La investigación desafía la sabiduría dietética convencional, que a menudo enfatiza la restricción, y destaca el papel de la intuición humana natural en la elección de alimentos.
La paradoja de comer más y pesar menos
El hallazgo principal es contradictorio: los participantes consumieron un 50% más de alimentos cuando se les ofrecieron opciones no procesadas, pero aún así consumieron un promedio de 330 calorías menos por día. Esto se observó durante un ensayo clínico de un mes de duración en el que a 20 personas se les permitió comer todo lo que desearan de una dieta no procesada o ultraprocesada, y las dietas se intercambiaron aleatoriamente a mitad del ensayo.
La clave no es cuánto come la gente, sino qué comen. El estudio sugiere que los humanos poseen una especie de “inteligencia nutricional” que los guía hacia elecciones equilibradas cuando se les presentan alimentos naturales. Esta intuición parece verse alterada por los UPF, que a menudo son ricos en calorías pero carecen de los micronutrientes que regulan naturalmente el apetito.
Por qué los alimentos ultraprocesados anulan las señales naturales
Los alimentos ultraprocesados, diseñados para ofrecer palatabilidad y vida útil, evitan el sistema natural de regulación de calorías a nutrientes del cuerpo. Estos alimentos a menudo aportan alto contenido energético y micronutrientes enriquecidos, lo que evita de manera efectiva el equilibrio entre calorías y valor nutricional. Esto puede provocar un consumo excesivo, ya que el cuerpo no recibe señales claras de saciedad o satisfacción nutricional.
Como dice la psicóloga Annika Flynn de la Universidad de Bristol, los UPF efectivamente “matan” el equilibrio natural entre la ingesta de energía y las necesidades de micronutrientes. Por el contrario, los alimentos integrales fomentan la preferencia por opciones ricas en nutrientes como frutas y verduras, promoviendo una ingesta más equilibrada.
Implicaciones e investigaciones adicionales
Esta investigación añade peso a la creciente preocupación por las UPF. Vinculados con la obesidad e incluso con trastornos neurológicos como el Parkinson, estos alimentos pueden “empujar” sutilmente a las personas hacia un mayor consumo de calorías sin aportar el valor nutricional adecuado. El estudio sugiere que la pérdida de peso no se trata únicamente de controlar las porciones, sino también de la calidad de los alimentos.
Si bien se necesita más investigación para confirmar la universalidad de esta “inteligencia nutricional”, los hallazgos sirven como un poderoso recordatorio de los inconvenientes de las dietas altamente procesadas. Al priorizar los alimentos integrales y no procesados, las personas pueden comer instintivamente de manera más consciente y reducir su ingesta total de calorías sin restringirse conscientemente.
“Si los participantes hubieran comido sólo alimentos ricos en calorías, nuestros hallazgos mostraron que se habrían quedado cortos en varias vitaminas y minerales esenciales y eventualmente habrían desarrollado insuficiencias de micronutrientes”, dice el autor del estudio, Mark Schatzker. “Esas carencias de micronutrientes se llenaron con frutas y verduras bajas en calorías”.


























