Células inmunitarias jóvenes revierten los síntomas del Alzheimer en ratones

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Los científicos han descubierto un nuevo enfoque potencial para tratar la enfermedad de Alzheimer mediante el uso de células inmunes “jóvenes” especialmente diseñadas. Según un estudio realizado en ratones, estas células inmunitarias fabricadas en laboratorio pudieron revertir parte del deterioro cognitivo y el daño cerebral asociados con la enfermedad.

El sistema inmunológico que envejece

Las células inmunitarias en cuestión se denominan fagocitos mononucleares. En los organismos más jóvenes, estas células limpian eficazmente los desechos celulares de todo el cuerpo. Sin embargo, a medida que envejecemos, estos “limpiadores de células inmunitarias” se vuelven menos efectivos, eliminan menos residuos y provocan más inflamación.

Esta disminución de la función inmune contribuye significativamente a las enfermedades relacionadas con la edad, incluido el Alzheimer. La inflamación crónica y la acumulación anormal de proteínas son características clave tanto del envejecimiento como de las condiciones neurodegenerativas.

Ingeniería de células inmunes jóvenes

Investigadores del Centro Médico Cedars-Sinai de Estados Unidos reprogramaron células madre humanas para crear versiones jóvenes de estas células inmunitarias protectoras. Estas células madre pluripotentes inducidas se transformaron en fagocitos mononucleares funcionales que potencialmente podrían contrarrestar los efectos del envejecimiento.

“Este enfoque utiliza células inmunes jóvenes que podemos fabricar en el laboratorio”, explicó el Dr. Clive Svendsen, científico biomédico involucrado en el estudio. “Descubrimos que estas células modificadas tienen efectos beneficiosos en ratones que envejecen y en modelos de la enfermedad de Alzheimer”.

Mejoras mensurables

El tratamiento experimental produjo varios beneficios notables. Los ratones que recibieron células inmunes jóvenes obtuvieron mejores resultados en las pruebas de memoria en comparación con los grupos de control. Además, estos animales mostraron células cerebrales más sanas llamadas microglia, que son cruciales para mantener la salud del cerebro.

Curiosamente, los investigadores observaron un aumento en las células musgosas, células cerebrales especializadas que apoyan la función de la memoria en la región del hipocampo. Estas células, al igual que sus contrapartes inmunes, son vulnerables al deterioro relacionado con la edad y a la enfermedad de Alzheimer.

“No vimos la disminución típica de las células cubiertas de musgo en los ratones tratados”, señaló la investigadora principal, la Dra. Alexandra Moser. “Esto probablemente contribuyó a algunas de las mejoras en la memoria que observamos”.

Cómo funciona el tratamiento

Las células inmunitarias diseñadas parecen secretar sustancias beneficiosas que viajan por el cuerpo y llegan al cerebro. En lugar de reparar directamente el daño cerebral, estas células “jóvenes” parecen funcionar mejorando la función inmune general y reduciendo la inflamación.

“Nuestros hallazgos sugieren que las células liberan proteínas antienvejecimiento o vesículas extracelulares que se comunican con otras células”, explicó el Dr. Moser. “Es probable que estos factores creen un ambiente más saludable para que funcionen las células cerebrales”.

Próximos pasos

Si bien estos resultados son prometedores, se deben reconocer limitaciones importantes. El estudio se realizó en ratones y es posible que los efectos observados no se trasladen directamente a los humanos. Además, la investigación se centró principalmente en ratones envejecidos en lugar de ratones con enfermedad de Alzheimer inducida.

“Estos hallazgos muestran que el tratamiento a corto plazo mejoró la cognición y la salud del cerebro”, afirmó el Dr. Jeffrey Golden, neuropatólogo que revisó el estudio. “Sin embargo, se necesita mucha más investigación antes de que podamos considerar este enfoque para pacientes humanos”.

A pesar de estas advertencias, las implicaciones potenciales son significativas. Este novedoso enfoque podría ofrecer ventajas sobre los tratamientos existentes, como las transfusiones de plasma sanguíneo o los trasplantes de médula ósea, especialmente si las células pueden eventualmente derivarse de los propios tejidos del paciente.