Hipnosis: cómo el cerebro crea la realidad

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La hipnosis no es un truco de salón ni un poder sobrenatural; es un proceso neurológico mensurable que demuestra la capacidad del cerebro para alterar la percepción y el comportamiento. El fenómeno, que a menudo se malinterpreta en las representaciones teatrales, tiene sus raíces en una atención centrada y una mayor sugestionabilidad. A pesar de décadas de investigación, los mecanismos exactos siguen siendo difíciles de alcanzar, pero la evidencia confirma que es mucho más que una simple simulación.

La ciencia detrás de la sugerencia

Los científicos definen la hipnosis como un estado de intensa concentración en el que los individuos se vuelven inusualmente receptivos a las sugerencias. Esto no es control mental; más bien, es una capacidad de respuesta amplificada a señales internas y externas. Los estudios demuestran que las sugestiones hipnóticas pueden inducir efectos fisiológicos reales, desde sensaciones percibidas como dedos atrapados hasta la reducción del dolor durante procedimientos médicos. El cerebro no se limita a simular estas experiencias: las procesa como genuinas.

Cómo funciona la hipnosis: se trata de atención, no de magia

La imagen común de un reloj de bolsillo oscilando y sujetos somnolientos es engañosa. La hipnosis no obliga a nadie a entrar en trance; invita a centrarse en la atención. Un hipnotizador guía a alguien a un estado en el que las distracciones externas se desvanecen y las sugerencias internas ganan importancia. La clave no está en las palabras místicas, sino en dirigir la mente hacia adentro.

Una vez en este estado, sugerencias como “tienes los párpados pesados” o “una mosca zumba cerca” pueden parecer notablemente reales. Las personas a menudo informan haber experimentado estas sensaciones como si fueran objetivamente ciertas, incluso cuando son conscientes del proceso.

Fundamentalmente, la hipnosis no es coerción. Los participantes pueden resistirse a las sugerencias si así lo desean; no es programación, sino un compromiso voluntario con la percepción alterada. Los escáneres cerebrales confirman que los individuos bajo hipnosis no están controlados pasivamente sino que participan activamente en la experiencia.

¿Quién es susceptible? ¿Y por qué?

No todo el mundo responde igual a la hipnosis. La susceptibilidad varía ampliamente, medida por la facilidad con la que alguien acepta sugerencias cada vez más difíciles. Algunos pueden alucinar vívidamente objetos que no existen, mientras que otros tienen dificultades con tareas simples como sentir entumecimiento.

Las razones detrás de esta variabilidad son complejas. Las creencias, las expectativas y la tendencia a la absorción (perderse en la imaginación) influyen. Las investigaciones sugieren que aquellos menos conscientes de su propia agencia podrían ser influenciados más fácilmente, aunque la interacción exacta de estos factores aún no está clara.

El cerebro en hipnosis: lo que muestran las exploraciones

Los estudios de neuroimagen confirman que las experiencias hipnóticas se correlacionan con la actividad cerebral real. Cuando alguien cree que una sugerencia es real, su cerebro responde como si fuese real. Por ejemplo, si se le dice que una imagen en blanco y negro es colorida, se activan las regiones de procesamiento del color del cerebro.

Los científicos distinguen entre respuestas hipnóticas genuinas y fabricadas. En un experimento, se pidió a los participantes que fingieran que estaban hipnotizados mientras que otros estaban realmente bajo sugestión. Los farsantes no podían imitar los sutiles patrones neurológicos de los verdaderos estados hipnóticos.

Investigaciones recientes que utilizan fMRI, EEG y análisis de química cerebral revelan cambios en la conectividad entre las regiones del cerebro involucradas en la autopercepción y la conciencia corporal durante la hipnosis. El aumento de la actividad de las ondas theta, similar al observado en la meditación, también sugiere un cambio en el estado mental.

Aplicaciones del mundo real: más allá del entretenimiento

La hipnosis no es sólo un acto escénico; tiene aplicaciones médicas legítimas. Los terapeutas lo utilizan para controlar el dolor, reducir la ansiedad e incluso ayudar a los pacientes a afrontar enfermedades crónicas. Los estudios demuestran que la hipnosis puede ser tan efectiva como otras técnicas mentales como la atención plena y, a veces, incluso más cuando se combina con terapias como la terapia cognitivo-conductual.

La hipnosis puede reducir la percepción del dolor durante la cirugía, facilitar los procedimientos dentales y aliviar afecciones como el síndrome del intestino irritable. Si bien no es una cura universal, su capacidad para alterar la experiencia subjetiva la convierte en una herramienta valiosa en casos seleccionados.

Conclusión

La hipnosis no es magia sino una demostración de la notable plasticidad del cerebro. Es un proceso que resalta la capacidad de la mente para construir la realidad, incluso en ausencia de estímulos externos. Si bien los mecanismos precisos siguen bajo investigación, la ciencia confirma que la hipnosis es un fenómeno real y mensurable con posibles aplicaciones terapéuticas. El estudio de la hipnosis nos empuja a reevaluar cómo entendemos la percepción, la sugestión y el poder de la mente humana.