Hiperfantasía: las mentes vívidas de quienes ven demasiado

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Para algunos, la imaginación no es sólo un ejercicio mental: es una experiencia totalmente inmersiva. Hiperfantasia es la capacidad de formar imágenes mentales extraordinariamente vívidas, tan reales que pueden rivalizar con la percepción misma. Las personas con este rasgo cognitivo no sólo piensan en imágenes; ellos los ven, a menudo con la misma claridad que la visión del mundo real. Esto no es un superpoder, sino una variación neurológica que afecta la forma en que el cerebro procesa y almacena recuerdos y entradas sensoriales.

La ciencia de las imágenes vívidas

El término “hiperfantasia” es relativamente nuevo, acuñado hace poco más de una década, pero el fenómeno en sí siempre ha existido. Es el extremo de un espectro: si bien la mayoría de las personas pueden evocar imágenes mentales en diversos grados, aquellos con hiperfantasía las experimentan como sorprendentemente realistas. Una persona describió la recreación de escenas de la película Mamma Mia! cuadro por cuadro como una ayuda para dormir, capaz de recordar el color exacto de la ropa y la línea.

El Cuestionario de intensidad de las imágenes visuales (VVIQ) es una herramienta común para la autoevaluación, pero los investigadores están presionando para que se adopten medidas más objetivas, como escáneres cerebrales, para comprender mejor los fundamentos neurológicos de las imágenes vívidas. La pregunta central sigue siendo: ¿qué define la “viveza” y cómo varía entre individuos?

Más allá de lo visual: experiencias multisensoriales

La hiperfantasia no se limita a la vista. Algunos experimentan recuerdos vívidos de todos los sentidos: olfato, gusto, tacto y sonido. Alanna Carlson, abogada y coach ejecutiva, describe su mente como un “software de diseño”, capaz de rotar objetos y visualizar su mecánica con perfecto detalle. Para ella, no se trata sólo de ver sino también de sentir y escuchar el paisaje mental.

Este recuerdo sensorial intensificado puede ser tanto un regalo como una maldición. Mientras que algunos destacan en tareas que requieren mucha memoria, otros luchan por distanciarse de los recuerdos traumáticos, que se repiten con una claridad agonizante. El trauma puede ser inquietante para quienes padecen hiperfantasia, como lo demuestran estudios que muestran respuestas emocionales intensificadas en escáneres cerebrales.

El lado opuesto: la afantasia y el espectro de la imaginación

Es mejor comprender la hiperfantasia en contraste con su opuesto: afantasia. La afantasia, que afecta aproximadamente al 1% de la población, es la incapacidad de formar imágenes mentales. Para quienes padecen esta afección, la frase “imagínate esto” es puramente metafórica. La ausencia del ojo mental no perjudica la cognición, pero redefine cómo el cerebro procesa la información.

Joel Pearson, neurocientífico cognitivo, explica que la afantasia puede manifestarse de múltiples formas, desde puramente visual hasta multisensorial. Algunas personas carecen de la capacidad de imaginar sonidos, sabores o incluso sensaciones físicas. La hiperfantasia, que afecta a alrededor del 5,9% de la población, es el otro extremo.

El panorama más amplio: cognición, personalidad y el poder de la imaginación

El neurólogo Adam Zeman, quien acuñó por primera vez el término “afantasia”, cree que la imaginación es un elemento fundamental de la cognición humana. Si bien la afantasia no obstaculiza la función mental general, la capacidad de generar imágenes mentales vívidas resalta la capacidad única de la mente para desapegarse de la realidad, revivir el pasado y anticipar el futuro.

El estudio de la hiperfantasia y la afantasia no se trata sólo de casos extremos; arroja luz sobre el espectro más amplio de la imaginación humana. Ya sea que vea imágenes vívidas, ninguna en absoluto o algo intermedio, la capacidad de su cerebro para construir mundos mentales moldea la forma en que percibe, recuerda y experimenta la realidad.

Nuestra capacidad de “imaginar un…” es lo que distingue nuestras mentes. La mayoría de nosotros pasamos gran parte de nuestra vida perdidos en nuestros pensamientos, soñando despiertos y construyendo mundos internos. La forma en que experimentamos estos mundos varía, pero el poder de la imaginación sigue siendo un aspecto definitorio de la experiencia humana.