Peces tamborileando: los científicos descubren la percusión incorporada en Rockhead Poacher

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Durante más de 150 años, los biólogos marinos han estado desconcertados por una característica extraña del cazador furtivo de cabeza de roca acorazado (Bothragonus swanii ): una profunda cavidad en forma de cuenco en su cráneo. Ahora, una nueva investigación sugiere que esto no es sólo una rareza anatómica: es un tambor natural.

El misterio de la fosa craneal

Documentado por primera vez en 1876 por Franz Steindachner, B. swanii habita en el Pacífico oriental desde Alaska hasta California, y normalmente vive en zonas intermareales rocosas y poco profundas. La función de la fosa craneal ha sido debatida durante décadas, con teorías que van desde el camuflaje hasta la percepción sensorial mejorada. El hábitat de los peces es excepcionalmente ruidoso, con olas rompientes constantes y otros sonidos ambientales que dificultan la comunicación acuática tradicional.

El descubrimiento: costillas como baquetas

Daniel Geldof, estudiante de la Universidad Estatal de Luisiana, utilizó una exploración micro-CT de alta resolución para construir modelos 3D de la anatomía del cazador furtivo de cabezas de roca. Descubrió que el primer conjunto de costillas del pez es inusualmente grande, aplanado y de movimiento libre, ubicado directamente encima de la fosa craneal. Estas costillas se conectan a músculos y tendones poderosos y funcionan esencialmente como muslos biológicos.

Cuando vibran contra la cavidad del cráneo, estas costillas generan pulsos de sonido subterráneos. Geldof postula que este sistema de percusión evolucionó como una forma para que los peces se comunicaran a través del sustrato (el suelo) en su entorno ruidoso. Las vibraciones viajan más eficazmente a través de las rocas que el sonido en el agua, lo que hace que ésta sea una estrategia sorprendentemente eficaz.

Más allá de la comunicación: ¿un papel sensorial?

La fosa craneal también puede desempeñar un papel sensorial. Los escáneres de Geldof revelaron que una rama del nervio de la línea lateral del pez, utilizado para detectar el movimiento, ingresa al pozo. La disposición de las microestructuras en el interior sugiere que podría usarse para mecanorrecepción, detectando movimiento o presión. Esto sugiere que la función no es sólo para tocar el tambor, sino también para sentir las vibraciones de otras criaturas cercanas.

“El aspecto que tiene esta pequeña cosa de cerca no es simplemente una cuestión científica: es una curiosidad humana básica”, señaló Geldof, destacando el atractivo más amplio de desentrañar los misterios del mundo natural.

La fosa craneal del cazador furtivo de cabezas de roca demuestra cómo la evolución puede crear soluciones inesperadas a los desafíos sensoriales y de comunicación. Este descubrimiento subraya las notables adaptaciones que se encuentran incluso en las criaturas más pequeñas y extrañas, y nos desafía a reconsiderar lo que sabemos sobre cómo los animales interactúan con su entorno.