A finales de 1924, un cráneo fósil desenterrado en Sudáfrica cambió radicalmente nuestra comprensión de la evolución humana. Este descubrimiento, ahora conocido como el “Niño Taung”, proporcionó la primera evidencia concreta de que África fue el lugar de nacimiento de la humanidad, una confirmación fundamental de las teorías de Charles Darwin. Sin embargo, la historia detrás de su hallazgo tiene menos que ver con una excavación meticulosa y más con la casualidad y la ambición académica.
El descubrimiento accidental
El cráneo no fue encontrado por el científico al que se atribuye su análisis, Raymond Dart, sino por una estudiante llamada Josephine Salmons. Los trabajadores de la cantera local de Buxton Limeworks en Taung ya habían arrancado el cráneo de la roca. Se informó a la empresa y luego se pasó a Salmons, quien reconoció su importancia y lo llevó a la clase de Dart.
Dart, ansioso por realizar más descubrimientos, reclutó a un colega geólogo, Robert Young, para que sirviera de enlace con el cantero, el señor De Bruyn. De Bruyn finalmente identificó un molde de cerebro incrustado en una roca y se lo entregó directamente a Dart. En particular, Dart más tarde embelleció la historia en sus memorias, afirmando que él mismo había desenterrado el cráneo de las cajas entregadas, un detalle que nunca sucedió.
El momento del reconocimiento
El relato de Dart describe una comprensión inmediata de la importancia del fósil. “Tan pronto como quité la tapa… un escalofrío de emoción me recorrió”, escribió. El cráneo, aunque diminuto, representaba claramente una criatura que no era ni completamente simia ni completamente humana. El 23 de diciembre pudo ver la cara del cráneo.
En cuestión de semanas, publicó sus hallazgos en Nature en febrero de 1925, nombrando a la especie Australopithecus africanus, o “El Hombre-Simio de Sudáfrica”. Este fue el primer cráneo fósil casi completo de un homínido antiguo jamás encontrado, y impulsó a Dart a la fama científica.
El legado del niño Taung
Se estimó que el fósil tenía alrededor de 2,58 millones de años. Las dimensiones del cráneo indicaban que se trataba de un niño de aproximadamente seis años, aunque investigaciones posteriores sugieren que tenía tres o cuatro años en el momento de la muerte. Los investigadores ahora creen que era una mujer.
Durante casi medio siglo, A. africanus fue considerado nuestro antepasado directo. Sin embargo, el descubrimiento de “Lucy” (Australopithecus afarensis ) en Etiopía en 1974, que data de hace 3,2 millones de años, finalmente destronó al Niño Taung como nuestro ancestro común conocido más cercano.
El descubrimiento del Niño Taung sigue siendo un momento histórico en la paleoantropología. Aunque su posición en el árbol genealógico humano se ha perfeccionado, fue la primera prueba definitiva de que los orígenes humanos se encuentran en África, una afirmación que continúa impulsando la investigación en la actualidad.
























