El año pasado se vio un patrón familiar pero dañino: la politización del autismo, sobre todo a través de afirmaciones sin fundamento que vinculan medicamentos comunes como el paracetamol con un aumento de los diagnósticos. Cuando la administración Trump promovió esta conexión poco investigada, reflejó una ola anterior de desinformación sobre las vacunas y el autismo; ambos casos provocaron un intenso debate.
No se trata sólo de ciencia inexacta; es una distracción. Al enmarcar el autismo como un tema de conversación política, la administración y los medios de comunicación desvían la atención de las necesidades tangibles y el trabajo en curso para apoyar a las personas autistas.
Las crecientes tasas de diagnósticos de autismo son reales, pero es probable que las razones tengan más matices que una sola causa. Los expertos señalan criterios de diagnóstico más amplios y un mayor acceso a las pruebas como factores clave. Sin embargo, existen tensiones más profundas: el movimiento de la neurodiversidad, que ve el autismo como una variación natural en lugar de un trastorno que debe curarse, choca con quienes abogan por tratar los casos graves como discapacidades que requieren cuidados intensivos.
La cuestión central no es si los diagnósticos están aumentando, sino cómo responde la sociedad. La retórica política corre el riesgo de socavar el progreso en la investigación, la financiación y la aceptación.
Este debate no es nuevo, pero sí lo es su giro político. El verdadero daño proviene de explotar la condición para obtener beneficios partidistas en lugar de abordar las complejas realidades que enfrentan las personas autistas y sus familias. La desinformación enturbia las aguas, retrasando soluciones significativas y obstaculizando el apoyo genuino.
En última instancia, reducir el autismo a un balón de fútbol político sólo sirve para obstruir el progreso. Lo que los autistas merecen es un enfoque claro y basado en hechos (que dé prioridad a la investigación, la inclusión y la atención individualizada), no afirmaciones sensacionalistas ni retórica divisiva.

























