Accidente del Boeing Starliner clasificado como el peor caso de falla de la NASA

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La NASA ha designado oficialmente el fallo del vuelo de prueba Starliner de 2024-2025 como un “percance Tipo A”, la clasificación de seguridad más grave de la agencia, colocándolo junto a desastres como las catástrofes de los transbordadores espaciales Challenger y Columbia, así como la crisis del Apolo 13. La designación refleja los graves riesgos que enfrentan dos astronautas de la NASA que pasaron casi un año varados a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS) debido a fallas críticas de sus naves espaciales.

La gravedad de un percance tipo A

La clasificación Tipo A de la NASA está reservada para incidentes que involucran la muerte de la tripulación o una discapacidad permanente, daños catastróficos a la nave espacial, desviaciones importantes de vuelo o costos de misión que exceden los $2 millones. La misión Starliner cumplió múltiples criterios: sus propulsores defectuosos pusieron en peligro a la tripulación y el prolongado período de resolución de problemas requirió cientos de millones en costos adicionales. Esto no es sólo un fallo de ingeniería; es una falla sistémica en los protocolos de seguridad que la NASA está decidida a abordar.

¿Qué salió mal?

La cápsula Starliner, lanzada en junio de 2024, sufrió una cascada de fallos de funcionamiento poco después de alcanzar la órbita: cinco fugas de helio y múltiples fallos en los propulsores del sistema de control de reacción (RCS). Los ingenieros se apresuraron a diagnosticar problemas de forma remota mientras los astronautas Butch Wilmore y Suni Williams permanecían varados en la ISS. Las investigaciones revelaron que el sobrecalentamiento de los sellos de teflón dentro de los propulsores probablemente provocó obstrucciones en el flujo del propulsor.

A pesar de las soluciones temporales, la NASA temía que los problemas pudieran repetirse durante el reingreso, y fugas adicionales de helio amenazaban las capacidades de maniobra orbital de la nave espacial. La misión inicial de ocho días de la tripulación se extendió a 286 días antes de que una cápsula Dragon de SpaceX finalmente los recuperara en marzo de 2025.

Liderazgo bajo escrutinio

El administrador de la NASA, Jared Isaacman (designado el 17 de diciembre de 2025), ha prometido “responsabilidad del liderazgo”, criticando las fallas en la toma de decisiones que permitieron que la situación empeorara. Isaacman afirmó que la misión debería haber sido clasificada como Tipo A mucho antes, una vez que quedó clara la gravedad de los problemas con los propulsores. Esto sugiere una cultura de restar importancia a los riesgos que la NASA ahora está corrigiendo activamente.

“Pretender que no ocurrieron situaciones desagradables enseña lecciones equivocadas”, dijo Isaacman. “La falta de aprendizaje invita a fracasar nuevamente y sugiere que, en los vuelos espaciales tripulados, el fracaso es una opción. No lo es”.

El camino a seguir

A pesar del mordaz informe, la NASA tiene la intención de continuar trabajando con Boeing para resolver los problemas de Starliner y restaurarlo para vuelos tripulados. La agencia enfatiza que contar con múltiples proveedores para el transporte de tripulaciones es vital para los intereses nacionales. Boeing ya ha gastado aproximadamente 2 mil millones de dólares para abordar los contratiempos de Starliner, y se están realizando más pruebas en el puerto espacial White Sands en Nuevo México. Está prevista una misión Starliner exclusivamente de carga a la ISS para abril.

Esto llega en un momento crítico, mientras la NASA se prepara para la misión lunar Artemis II, para la cual Boeing también actúa como contratista principal. El compromiso de la agencia con las pruebas rigurosas y la transparencia será crucial para evitar fallas similares en el futuro.

El percance de Starliner sirve como un claro recordatorio de que incluso en la era de los vuelos espaciales comerciales, los viajes espaciales tripulados exigen estándares de seguridad y responsabilidad inflexibles. El incidente subraya lo mucho que está en juego y la necesidad de que el liderazgo dé prioridad a la integridad de la misión por encima de los plazos o el ahorro de costos.